Yo no soy una persona supersticiosa. No me preocupo por entregarle a la gente la sal en la mesa, ni me voy a preocupar por romper un espejo. Sin embargo, este último martes 13 fue especial. No fue un día de mala suerte, sino un día movido por las emociones, lleno de sentimientos encontrados, más bien descubiertos, que ahora preferiría no saber. Todo cambia, la vida va cambiando todos los días. Cada día la vida toma un diferente rumbo, debido a las decisiones que cada uno toma, a las cosas que uno sabe, a las cosas que uno aprende y a las cosas que uno integra en la cabeza.
Al enterarme de algo complicado, pienso y luego hablo. En este caso fue menos posible, un ataque de sinceridad impresionante recorrió todo lo que pensaba, teniendo que escupirlo y decirlo al instante, en un intento por aclarar las cosas. ¿Por qué es así el pensamiento? En las cosas de emociones uno deja de ser racional, eso es lo que se dice, que razón y sentimiento se oponen en una guerra interminable, que nunca se ponen de acuerdo. Es verdad, no hay un acuerdo entre ellos, y eso es lo que provoca las complicaciones. Complicaciones de la cabeza, complicaciones del corazón, con qué lidiar primero y qué postergar.
Entonces, según mi razonamiento, los sentimientos no se pueden razonar…
Ok, me estoy complicando cada vez más. Las cosas se conversan, y mientras sean con sinceridad todo va a salir bien. Pero, ¿cuánto tiempo deberá pasar para darse cuenta de que todo salió bien? Mientras ese tiempo está transcurriendo, más de una persona puede sufrir, y eso es lo que trae las complicaciones. La honestidad con uno mismo y con los demás trae un montón de beneficios para el autocrecimiento y para la seguridad de uno mismo, pero al mismo tiempo deja a las personas desnudas frente al resto, frente al mundo.
Ningún día es comparable con el anterior. Cada día hay nuevas cosas que decir, nuevas cosas que pensar, nuevas cosas que razonar y nuevas cosas que sentir. Quizás si empezara a sentir más en vez de pensar y razonar, algunas personas estarían alegres por unos segundos, pero luego más personas se verían heridas. Quizás si empezara a pensar y razonar más que a sentir, estaría sola en el mundo. Al final, la vida es una balanza entre la razón y los sentimientos, y hay que aprender a convivir con ambos, sin intentar entenderlos.
Al enterarme de algo complicado, pienso y luego hablo. En este caso fue menos posible, un ataque de sinceridad impresionante recorrió todo lo que pensaba, teniendo que escupirlo y decirlo al instante, en un intento por aclarar las cosas. ¿Por qué es así el pensamiento? En las cosas de emociones uno deja de ser racional, eso es lo que se dice, que razón y sentimiento se oponen en una guerra interminable, que nunca se ponen de acuerdo. Es verdad, no hay un acuerdo entre ellos, y eso es lo que provoca las complicaciones. Complicaciones de la cabeza, complicaciones del corazón, con qué lidiar primero y qué postergar.
Entonces, según mi razonamiento, los sentimientos no se pueden razonar…
Ok, me estoy complicando cada vez más. Las cosas se conversan, y mientras sean con sinceridad todo va a salir bien. Pero, ¿cuánto tiempo deberá pasar para darse cuenta de que todo salió bien? Mientras ese tiempo está transcurriendo, más de una persona puede sufrir, y eso es lo que trae las complicaciones. La honestidad con uno mismo y con los demás trae un montón de beneficios para el autocrecimiento y para la seguridad de uno mismo, pero al mismo tiempo deja a las personas desnudas frente al resto, frente al mundo.
Ningún día es comparable con el anterior. Cada día hay nuevas cosas que decir, nuevas cosas que pensar, nuevas cosas que razonar y nuevas cosas que sentir. Quizás si empezara a sentir más en vez de pensar y razonar, algunas personas estarían alegres por unos segundos, pero luego más personas se verían heridas. Quizás si empezara a pensar y razonar más que a sentir, estaría sola en el mundo. Al final, la vida es una balanza entre la razón y los sentimientos, y hay que aprender a convivir con ambos, sin intentar entenderlos.
Esperar a que las cosas sigan su curso natural es lo más sano por ahora…
El martes, antes de comenzar el partido, levanté mis brazos al cielo, como usualmente lo hago en esos casos, para pedirle a Dios que me protegiera durante ese día, que no pasara nada en el match, para que nadie peleara y para que nadie saliera muy lastimado. Cuando me caí, pensé que el Martes 13 era un día de muy mala suerte, porque en verdad me asusté con la herida.
ResponderEliminarCuando el martes llegué a mi casa me di cuenta que Dios si me cuidó todo el día, y que todo lo que pasó en ese día, todas las cosas que trajo ese martes, partiendo por la caída, fueron por gracia de él.
Los sentimientos tienden a la desavenencia con la razón. Nuestra razón es un ente relativamente limitado, y nuestros sentimientos son bastante difusos y poco centrados en la mayoría de las veces, por lo que resulta de una imposibilidad certera el tratar de hacer que el agua y el aceite se junten. La magia, tal como lo has puesto tu, es buscar la Emulsión.
Aunque no pueda ver el futuro a voluntad, ten por seguro que las cosas seguirán su curso, y llegarán a un fin donde las heridas del camino estarán sanas y habrán cumplido la tarea de toda herida: entregar experiencia, entregar fortaleza, entregar sabiduría. A veces, hasta los mas cobardes entendemos que el proceso del dolor, de las heridas, si tiene un sentido, un buen sentido; y que debemos pasarlo con la mejor de las disposiciones. Con todas las gasas pegadas que me han sacado en la última semana, ya me considero un experto.
Te quiero mucho amiga, y gracias por tu mensaje en mi blog. Me gustó mucho =P.